Valentín Pérez, de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de León, reflexionó acerca de la “Importancia y métodos de control de la paratuberculosis ovina”,  una enfermedad digestiva con una repercusión muy importante en la producción. Las lesiones intestinales que origina impiden la absorción de los nutrientes y determinan los principales signos clínicos: pérdida de peso progresiva y diarrea acuosa, no hemorrágica, de aparición posterior a la pérdida de condición corporal. El número de bajas varía entre 1-10% al año.

En nuestro país, los estudios realizados en ovino indican porcentajes de rebaños afectados que oscilan según las zonas entre un 50-85%, con un número variable de animales infectados.

La enfermedad la transmite una bacteria, Mycobacterium avium subspecie paratuberculosis, muy resistente en el medio, lo que facilita su contagio por las heces de los animales enfermos, ya que la vía de contagio es fecal-oral.

La infección se produce en edades tempranas entre 1,5 – 5 años (1ª y 2ª lactación). En una explotación expuesta al germen, un porcentaje importante de los corderos superará la infección, otro número estará infectado de forma subclínica y solo una pequeño grupo de  corderos mostrará síntomas evidentes.

Los hallazgos en el intestino delgado incluyen enteritis granulomatosa, linfangitis / linfangiectasia y linfadenitis granulomatosa. Una característica exclusiva del ovino son las cepas pigmentadas, que confieren color amarillo a porciones del intestino.

El diagnóstico más complejo es el de los animales subclínicos. Un análisis de sangre permite detectar la producción de IFN-γ a los 60 días tras la infección y la respuesta celular ya en fases más tardías (los anticuerpos en suero aparecen a los cinco meses). La detección del IFN-γ, con poca utilidad práctica,  permite detectar animales subclínicos que en muchas ocasiones no van a desarrollar la enfermedad. La prueba de ELISA permite estimar la prevalencia y es útil para detectar excretores. En rebaños con alta prevalencia el número de positivos será alto, pero algunos animales no serán excretores.

La importancia económica radica en las pérdidas directas por la mortalidad, que es mayor en ganado lechero y en adultos jóvenes, y en las pérdidas indirectas producidas por la disminución en la producción de leche, la fertilidad y el aumento de mamitis en los casos subclínicos.

Valentín Pérez concluyó hablando de las dos estrategias que actualmente existen para el  control de la paratuberculosis: la detección y eliminación de excretores, un procedimiento lento y muy costoso en rebaños con alta prevalencia; y la vacunación, que disminuye la excreción de micobacterias y reduce el número de casos clínicos, aunque no previene la infección.